Por Juan Pablo Andrews

Antes que todo debo ser sincero. La primera vez que vi a Slash tenía 12 años y me voló la cabeza. Por primera vez en mi corta experiencia musical, hasta ese momento, veía a un guitarrista capaz de opacar al vocalista. Aunque claro el vocalista era Axl Rose, quien tenía la voz, el carisma y la belleza; o sea todo para no ser opacado. Eran la dupla perfecta.

Slash me pareció la hostia misma. Parecía un tipo recién levantado y desaseado pero capaz de llevarse a todas las chicas guapas de la fiesta solo a punta de actitud. No le importaba tener toda la melena en la cara ni mucho menos llevar un cigarrillo encendido entre toda esa cabellera. Era una cruza entre Hendrix, los Ramones y un alcohólico de Los Ángeles dispuesto a volarte los sesos.

Dicho esto señor lector, y siguiendo con la sinceridad inicial, ahora usted sabe que mi grado de objetividad como crítico esta vez estará algo distorsionada.

Hoy día Slash tiene 47 años. Dejó atrás su pasado de drogas pero no de rock and roll. Y así es como en mayo de este año lanzó su segundo disco solista del cual hablaremos en esta humilde columna con todo el juicio crítico que me sea posible.

Apocalyptic Love es el nombre, consta de 13 temas más 2 bonus track y tiene la siguiente formación: Slash en la guitarra principal, Myles Kennedy en la voz, Todd Kerns en el bajo y Brent Fitz en la batería.

El disco abre con el tema homónimo y el wah wah de Slash que reconocería hasta mi hijo de 7 años. Si pudiese registrarse el sonido de una Les Paul más un Wah seguro llevaría el nombre de Saul Hudson.

One Last Thrill es la siguiente y es una patada en la cara. La voz de Kennedy suena como los Sex Pistols en su apogeo y Slash solea como si fuera un veinteañero.

La placa coquetea con el pop, con el glam rock, con el funk y con el punk, pero no se casa con nadie.

El desconocido Myles Kennedy es tremendo. Quizá lo mejor del disco. Es afinado como pocos hoy en día y tiene una tesitura notable. Cuando canta abajo es conmovedor y nos recuerda la época del grunge; cuando mete el falsete parece la voz de una mujer enrabiada y recuerda lo mejor del glam rock.

El momento más inspirado ocurre en el minuto 38. Ahí se manda tres cortes que suenan a clásico. Bad Rain es suave y ruda a la vez; Hard and Fast es un tren descarrilado y Far and Away es la típica balada pero tocada por tipos que saben.

Aun cuando la placa consta de temas cañeros sin duda no es el mejor disco de Slash. Lamentablemente los solos de guitarra no son de lo mejor que al guitarrista le he oído. En oportunidades se oye un Slash poco inspirado, repetitivo y sin ideas.

Además abusa del wah wah y la mezcla de estilos es algo desconcertante.

Pero, vamos, muchachos, estamos en el año 2012, no tenemos la MTV y lo que más suena en la radio no es precisamente rock and roll, por lo que discos como este son bienvenidos y agradecidos sin lugar a dudas.

 

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